El jueves le dieron una cachorrita de perra a mi hija Marta. Le ha puesto de nombre “Lluna”. Lluna es una cosita pequeñita. Un ovillo de brunos pelos algodonados que me recuerdan a Platero. Aquel burrito que no tenía huesos, que estaba hecho de algodón. Así es Lluna. Suave como una caricia. Mullida como una esponja. Blanda, tierna, sedosa…
Yo la cojo con delicadeza y la llevo en brazos. Su pequeño cuerpecillo se acomoda entre mis manos y se acurruca ufana entre ellos. Enseguida cierra sus ojos de azabache y duerme plácidamente. Yo la miro complacido. Y, en silencio, observo su acompasada respiración. Sus orejitas, de una tonalidad ocre, se han relajado y resbalan sobre su pequeña cabeza. Un súbito ruido incomoda el apacible sueño de la perrita. Las orejas alerta y los ojos semiabiertos dan cuenta de la incidencia. Pero pronto todo se vuelve paz y calma. Pienso que estaría mejor en su camita, arropada con una vellosa mantita y un esponjoso peluche. Y allí la coloco. Lluna se revuelca perezosa entre mis dedos y se acurruca en su resguardado cobijo.
Yo la cojo con delicadeza y la llevo en brazos. Su pequeño cuerpecillo se acomoda entre mis manos y se acurruca ufana entre ellos. Enseguida cierra sus ojos de azabache y duerme plácidamente. Yo la miro complacido. Y, en silencio, observo su acompasada respiración. Sus orejitas, de una tonalidad ocre, se han relajado y resbalan sobre su pequeña cabeza. Un súbito ruido incomoda el apacible sueño de la perrita. Las orejas alerta y los ojos semiabiertos dan cuenta de la incidencia. Pero pronto todo se vuelve paz y calma. Pienso que estaría mejor en su camita, arropada con una vellosa mantita y un esponjoso peluche. Y allí la coloco. Lluna se revuelca perezosa entre mis dedos y se acurruca en su resguardado cobijo.
Mi hija Marta con "Lluna"
La dejo durmiendo. En su hocico destaca su negra naricita, reluciente, húmeda. La boca, cerrada, esconde unos incipientes e inofensivos dientecillos de afiladas puntas.
Mientras está durmiendo me voy y la dejo sola. Al cabo de un rato la oigo lloriquear. Ya se ha despertado. Moviendo la cola se acerca jugueteando hasta mí con un alegre trotecillo, y yo la acaricio. Su pelo es terso y su piel cálida. Juego un poco con ella. Me muerde dulcemente mi zapato. Intenta arrancarme los cordones. Pero no tiene fuerza para ello. La boca abierta alegremente, parece reírse de pura felicidad. Yo la dejo hacer. Sus patitas, de un blanco aterciopelado, patean al aire dibujando graciosas cabriolas. De pronto se queda sentadita. Y se me queda mirando. Parece querer decirme algo, pero no sabe hablar. Pero yo la entiendo. Me ha dicho que quiere ser mi amiga. Y yo lo acepto y le digo que sí.



